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Tipos populares madrileños | Manolos, chisperos, majos y chulos

'La maja y los embozados' o 'El paseo de Andalucía' | Óleo sobre lienzo | 1777 | Francisco de Goya | Museo del Prado | Madrid

‘La maja y los embozados’ o ‘El paseo de Andalucía’ | Óleo sobre lienzo | 1777 | Francisco de Goya | Museo del Prado | Madrid

Los tipos populares madrileños comenzaron a definirse desde que el rey Felipe II de Austria trasladó la Corte a la Villa de Madrid en el siglo XVI (8 de mayo de 1561) y fueron cambiando con el paso del tiempo para alcanzar su esplendor en el siglo XVIII.

A finales del XIX y principios del XX logran su mayor popularidad cuando son glosados por los cronistas de la Villa y Corte como Mesonero RomanosRamón de la Cruz o Sainz de Robles; retratados por Lorenzo Baldissera Tiepolo, Francisco de Goya y otros pintores de la época; incluidos en zarzuelas como ‘La verbena de la Paloma’, ‘La revoltosa’, ‘Agua, azucarillos y aguardiente’  y ‘La Gran Vía’, entre otras; o se convierten en protagonistas de los sainetes de Carlos Arniches, las novelas de Pedro de Répide y diversas obras de otros autores de aquel tiempo.

Podemos diferenciar hasta 4 tipos populares madrileños que se acabaran fundiendo en 1 sólo en el decir popular de nuestros días: ‘el chulapo y la chulapa’. Pero hasta llegar aquí y ahora existen, claramente diferenciados los 4 siguientes:

  1. Manolos y manolas.
  2. Chisperos y chisperas.
  3. Majos y majas.
  4. Chulos y chulas.

Los manolos y manolas, según una leyenda ya desprestigiada, se llamaban así porque Manuel era el nombre impuesto al primogénito de las familias de los judíos conversos que habitaban el barrio de Lavapiés. Es notorio que ese nombre era muy común también entre los cristianos viejos.

Los chisperos y chisperas eran los vecinos del barrio de Maravillas y se llamaban así porque la mayor parte de ellos eran trabajadores de las muchas fraguas y herrerías que había por aquel entonces en aquella zona, extramuros de la cerca de Madrid.

Los majos y majas surgen a principios del siglo XVIII para denominar a los habitantes de los arrabales madrileños (Lavapiés y Maravillas entre ellos) que se caracterizaban por su arrojo y valentía. Dice María Moliner que el nombre “se aplicaba a fines del siglo XVIII y principios del XIX y sigue empleándose refiriéndose en aquella época a los artesanos de ciertos barrios de Madrid, llamados ‘bajos’, que en algún tiempo hacían vida aparte, hasta el punto de estar exentos del servicio militar…”. Este es el tipo madrileño que inmortalizo Francisco de Goya en sus esplendidos lienzos.

Los chulos y chulas es el nombre que se da en el siglo XIX a todos los tipos madrileños, especialmente a manolos y manolas. El término deriva del vocablo francés ‘chaul’, aunque la procedencia de este sustantivo puede que sea árabe, como afirma Pedro de Répide, y el significado de ‘chaul’ en castellano es ‘muchacho’. Es anecdótico que la primera vez que se empleó ese nombre de chulo fuera para designar aquellas personas que realizaban tareas o labores secundarias de ayuda en las faenas taurinas.

Ya en el siglo XX, los chulos y chulas, común a todos los tipos madrileños sin distinción de barrios ni oficios, se transforman en ‘chulapos y chulapas’ que en nuestros días podemos ver en verbenas, procesiones y demás fiestas populares madrileñas.

Además de estos 4 tipos populares madrileños, podemos distinguir otros 2 de las clases más privilegiadas:

  1. El petimetre. Enmarcado en la incipiente clase media del siglo XIX, sus tipos imitaban notoriamente la moda francesa (el nombre deriva del francés ‘petit maitre’) y por ello eran odiados por los majos que les despreciaban por su total falta de originalidad y carencia de autenticidad.
  2. El currutaco. Enmarcado igualmente en la naciente clase media decimonónica, es asimismo enemigo declarado de ‘los petimetres’ y por las mismas razones que ‘los majos’. ‘El currutaco’, aunque afectado, es más auténtico y su elegancia es más genuina, pero también se halla encasillado y condicionado por la moda. Su vestir es extremado con algunas prendas de tamaño exagerado, como sus corbatas y las solapas de sus casacas. Llamaba la atención igualmente su aspecto físico por sus grandes patillas y su crecida cabellera. Solían partar tambien un grueso garrote que usaban como bastón.



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